miércoles 21 de octubre de 2009

Interludio


Volveré en unos días.

martes 6 de octubre de 2009

Pliegues

Hace tiempo que quiero decirte que cada uno de los pliegues que forman parte de tu cuerpo me susurran tiernas obscenidades al oido. Cuando te veo caminar, en los translúcidos de la primavera y los ocres del Otoño, tus pies entre la hojarasca, y tu silueta en el espejo.

Sabes que me acerco sigiloso por tu espalda, te noto desnuda y te contemplo en silencio como una pieza de ópera, así, sonriendo. Te sigo despacio y tomo tu cintura. Mis manos están templadas, como tu cuerpo. Acerco mi boca al pliegue que forma tu nuca con tu hombro y lo beso dulce, despacio, recorriendo el camino que lleva hasta el hueco de tu clavícula. Sigo el sendero que lleva por detrás de tu oreja y te beso a puro labio, muy breve, suave e intenso.

Al tiempo mis dedos recorren los lados de tu cintura, los pliegues que forman el fin de tus brazos con tu espalda, la suavidad de tus senos, la forma de adaptarse a tu pecho, la nívea rugosidad de tus pezones que hace que mi boca se entreabra sin emitir sonidos, anhelante.
Y notas mi sexo duro rozar tus glúteos, emites un gemido casi imperceptible que se ahoga en el mío y señalas mis muslos con tus uñas, por detrás de mí, buscando mi culo.

Bajo mi cabeza por tu vientre, arrodillándome hasta notar los pliegues de tu sexo en mi boca, invadido por tu humedad, lleno hasta los labios de tí, excitándome más. Tus manos empujan mi cabeza tirando del cabello hasta llegar totalmente bajo tu cuerpo. Puedo llenar tus espacios con mis dedos, y buscar cada pliegue de tu interior con las yemas de los mismos, notando como las paredes de tu sexo se me clavan como huellas mojadas mientras mi lengua rodea tus muslos, besando cada porción que lleva hasta el pliegue de tus ingles con la tibieza de tu pubis. Inicio un ritual de círculos, besos y pequeños mordiscos alentado por imperceptibles ruidos de tu garganta...

Tus gemidos son pequeños quejidos que abren mi mente y mi sexo, tus ojos me miran con esa mirada tuya hechicera y me sonríes. Observo los pliegues de tu sonrisa y acerco mis dedos a ella. Los tomas y los chupas con la lengua primero, con los labios después, hasta que desaparecen en tu boca. Ahora ya no miras mi cara, estás mirando mi verga, húmeda en su punta, buscando tu cuerpo con desesperación. Me levanto y me besas los labios, te como la boca, me lames el cuello, te muerdo los lóbulos suavemente.

Tus manos buscan mi verga febril al tiempo que te acercas a mí y anudas las piernas a mi cintura, poniendo mi glande en la entrada de tu sexo. Nuestros pliegues se funden, se frotan, se sienten, se buscan y, finalmente entro dentro de tí firme, duro, pero suave. Al tiempo nuestras manos se entrelazan y se aprietan.

Subes complentamente en mi cintura, todavía estoy de pié, pero conoces el camino de mi culo tenso y lo aprietas hacia tí, muerdes mi boca, y me susurras, me susurras algo que no entiendo porque he llegado al fondo de tus entrañas, con los ojos cerrados, notando cada porción de tu piel erizando la mía, dedos, senos, muslos, labios, lengua, ..., y empezamos a movernos con más intensidad, duros, porque ya no importan los pliegues, no; sólo el olor, el sabor, el sonido del aire embriagado y nuestras pelvis a punto de reventar...

martes 22 de septiembre de 2009

Antes de la lluvia (y fin)

El sonido del aire entrando por las rendijas de las ventanas, el rumor del agua que viene, llenando la tierra de ese olor..., y dentro el cobijo de tu piel mirando la mía, y mis pupilas encendidas.

El tacto de su sexo en mis dedos, de las venas que te pueblan en mi lengua, de la voz que emite quejidos como pequeños aullidos que excitan la base de mi sexo, duro, erecto. Mis dientes sobre tu clítoris, delicados, y después mi lengua y después mis labios y mi voz.

El sabor de tu espalda en mi lengua y el olor de tu cuello en mi boca. El tacto del envés de tus muslos en las yemas de mis dedos que recorro desde las rodillas hasta tus glúteos, sin prisa, admirando tus formas...

La luz de la penumbra sobre tus hombros, donde me apoyo, ahora dulce, ahora firme, sujetando tu pelo con suavidad, notando el agitar de tu respiración. Breve apoyo mi pecho acoplado a tu espalda para susurarte mis procacidades en tu oido, después me vuelvo a incorporar, perdido en la imagen de tu columna, viendo como tu sexo se traga el mío, lento primero, de una vez después.

El golpear de nuestras caderas, tu cabeza girándose para verme...

Un gemido tímido de mi boca, las venas de mi verga cubriendo el camino que lleva hasta el fondo de tí, quemando el aire a su paso. Mis manos tomando tus pezones, con delicadeza, mientras te muerdo el cuello y te digo "tu boca, quiero tu boca, ahora, dámela".

Justo cuando rompe, por fín, a llover...

martes 15 de septiembre de 2009

Antes de la lluvia (1)

Se deshizo la niebla que no era más que una nube que anunciaba el final del verano. Una nube que no dejaba ver el campo, pero que trajo el sonido de unos pasos, descalzos, entre la hojarasca temprana, las primeras hojas que comienzan a caer.

En la mano los zapatos de tacón negros, y el andar pausado y tranquilo. Las piernas semivestidas, el rostro semidesnudo. Un vestido negro, ceñido, dejando a las claras que debajo no puede haber nada más que la piel.

Y mis ojos suben hasta tus rodillas y después a los ojos. Vuelven a bajar para cubrir la cintura, notando como la mirada comienza a volverse más felina, trepando por tus caderas, saboreando en esa distancia la forma que tu senos le confieren a la ropa, sintiendo unas irresistibles ganas de arrancarlo, serenando los instintos para poder levantarme, con el germen de la excitación quemándome, hasta llegar a tu boca, a solas, y tomarte con mis manos los flancos de tu cuerpo, atrayéndote, para olerte, muy cerca, el cuello, el hueco de tu nuca, el revés de tus mejillas, donde se esconde, tras tu pelo.

Nariz tímida que se muere por guiar la boca hasta los labios, para hacerla líquida en la lengua, para entrelazar los labios, comiéndose, casi devorándose después, oyendo un débil gemido tuyo en mi garganta y otro mío en la tuya, presintiendo tormenta.

Una risa nerviosa mientras pienso en acercarme más, en sentirte pegada a mí, en que me sientas pegado a tí, a cada sinuosidad de tu vestido y de tu piel, a que el calor que desprendo te cobije. Noto la punta de tus dedos recorrerme la nuca y bajar por mi espalda desnuda hasta alojarse en mis nalgas, suave, muy suave y yo recorro el camino que lleva a tus pechos inundándome de tu olor.
Los labios los atenazan con suavidad al principio, llenándome la boca por completo mientras tus manos han seguido el recorrido por mi vientre hasta mi sexo, hinchado, erecto, ...con ganas de tí.

martes 8 de septiembre de 2009

La presión

La presión asfixiante y fresca de la mañana por no tenerte, enroscándote en mi cintura, intercambiando moléculas de piel, manejándome con tus manos, sentada al borde de mis pupilas para ver mis ojos moverse despacio, muy lento, sobre tí.

La presión de tu mirada sobre mi cuerpo, erizando mis sentidos, asaltando la sangre que fluye por mis venas, parándola, invirtiendo su curso, haciendo que queme en su recorrido por debajo de la epidermis, hasta que brotan gotas de sudor. La presión de la yema de tus dedos en la base de mi sexo, suave, mientras tus labios se muerden en los míos.

Los besos se atenazan desesperados, lúcidos y no, delirantes y no. El viento me trae tu voz a quejidos y dentelladas. En él hago confidencias y mis suspiros se vuelven por momentos gemidos suicidas. La presión de tus labios lamiendo el borde de mis pezones, la presión de tu sexo acariciando mis piernas, humedeciéndolas, trasnmutándolas en carne incandescente.

Te miro sin prisa, te miro todos los ojos y te los beso a párpados cerrados. Tu nombre es un torrente que pienso dejar desbordarse en mi boca sudorosa. Cambio mis manos por tu cintura, atrapo tus pequeños quejidos con mi aliento y me apresuro a torturarte y torturarme recorriendo tus caminos con mi glande.

La presión de tus pechos en mi vientre, el camino de tu lengua por mi ombligo desnudo, mi sexo entre tus pezones, mis ganas,. La presión de tus palabras en mi oido, haciéndome desear estar dentro de tí, con urgencia y no,no, y esperar hasta que sea súplica.

tu boca lame despacio, tu boca me quema con dulce fuego, me saca del planeta. Y la mía recorre los caminos de tu espalda hasta llegar al canal que divide tus nalgas, mis manos en tus pechos con la presión justa, tus caderas alzadas ante mí y mi cara dúlcemente desgarrada cuando siento LA PRESIÓN de tu sexo abrazando, al fín, el mío.

Las imágenes las he tomado de esta página http://www.nightswimming.es/

jueves 30 de julio de 2009

Interludio

Mucho ha pasado este año. Ni todo bueno, ni todo malo

SOLO

VIDA

Y yo me tomo un merecido descanso.

Nos vemos a la vuelta.


"

Espíritu sin nombre,
indefinible esencia,
yo vivo con la vida
sin formas de la idea.

Yo nado en el vacío,
del sol tiemblo en la hoguera,
palpito entre las sombras
y floto con las nieblas.

Yo soy el fleco de oro
de la lejana estrella,
yo soy de la alta luna
la luz tibia y serena.

Yo soy la ardiente nube
que en el ocaso ondea,
yo soy del astro errante
la luminosa estela.

Yo soy nieve en las cumbres,
soy fuego en las arenas,
azul onda en los mares
y espuma en las riberas.

En el laúd, soy nota,
perfume en la violeta,
fugaz llama en las tumbas
y en las ruïnas yedra.

Yo atrueno en el torrente
y silbo en la centella,
y ciego en el relámpago
y rujo en la tormenta.

Yo río en los alcores,
susurro en la alta yerba,
suspiro en la onda pura
y lloro en la hoja seca.

Yo ondulo con los átomos
del humo que se eleva
y al cielo lento sube
en espiral inmensa.

Yo, en los dorados hilos
que los insectos cuelgan
me mezco entre los árboles
en la ardorosa siesta.

Yo corro tras las ninfas
que, en la corriente fresca
del cristalino arroyo,
desnudas juguetean.

Yo, en bosques de corales
que alfombran blancas perlas,
persigo en el océano
las náyades ligeras.

Yo, en las cavernas cóncavas
do el sol nunca penetra,
mezclándome a los gnomos,
contemplo sus riquezas.

Yo busco de los siglos
las ya borradas huellas,
y sé de esos imperios
de que ni el nombre queda.

Yo sigo en raudo vértigo
los mundos que voltean,
y mi pupila abarca
la creación entera.

Yo sé de esas regiones
a do un rumor no llega,
y donde informes astros
de vida un soplo esperan.

Yo soy sobre el abismo
el puente que atraviesa,
yo soy la ignota escala
que el cielo une a la tierra,

Yo soy el invisible
anillo que sujeta
el mundo de la forma
al mundo de la idea.

Yo, en fin, soy ese espíritu,
desconocida esencia,
perfume misterioso
de que es vaso el poeta."

G.A.B.